Internet, aquel espacio
digital en el que personas de diferentes culturas, etnias, credos y posiciones
sociales forman sus principios y valores, al mismo tiempo que hacen vida
motivadas por intereses tales como trabajo, educación, ocio, la planificación
de viajes, y cómo no, la política, entre muchos otros.
Para
esto, se valen de las diferentes dinámicas de presentes en la red que van desde
páginas Web con servicios de chat hasta a las muy en boga redes sociales.
Internet se trata de un conglomerado de comunicaciones interconectadas de
alcance mundial, esto último, es uno de los elementos más representativo de la
red.
Con
la diversificación de la comunicación a través de Internet, surgen
cuestionamientos hacia el Estado y su papel como rector en la vida en la
sociedad, los procesos de globalización además ha mermado el
concepto de soberanía de los Estados, dificultando la delimitación de las
fronteras culturales.
En
palabras de Manuel Castells en su artículo “Internet, libertad y
sociedad: una perspectiva analítica”, considera a Internet “una red
global con poder de procesamiento de información y comunicación multinodal,
Internet no distingue fronteras y establece comunicación irrestricta entre
todos sus nodos” (2003: 3), siendo estos mismos nodos aquellos puntos
de unión entre las comunicación, es decir, aquellos usuarios de la red frente a
un ordenador.
La
alta diversidad de opiniones e intereses presentes en la red
refleja otras cuestiones que no se pueden pasar por alto, el inmenso flujo de
información es una de ellas. Internet se ha ido convirtiendo en un espacio
generador de opinión, y por lo tanto, en un instrumento de poder con la
capacidad de regir el destino de la sociedades tanto a nivel local como a nivel
mundial.
Hemos
llegado a un punto en donde medios como Internet son capaces de influir casi
directamente en el acontecer de los hechos políticos y sociales, no
sólo permite un flujo de información constante y casi inmediato, también nos
permite estar en el teatros de operaciones del día a día.
Los
medios de comunicación ya no sólo se limitan a dar información sobre
acontecimientos y hechos del momento, sino que ahora intentan emular el nivel
de interacción presente en las redes sociales, de modo que en
la actualidad quien recibe la información puede interactuar de tal manera que
logra influir o ser parte de la información misma.
Las redes
sociales, bajo este contexto, para algunos significaría un paso más en la
evolución de los medios de comunicación masivos llegando a desplazar al
tradicional periódico y aquella “ventanita” que sólo servía a
para ver mensaje sin posibilidad de interacción alguna, me refiero a la
televisión.
Manuel
Castells en “Communication, Power and Counter-power in the Network
Society” nos habla de la llamada “New Media Politics”, o
en español, la “Nueva Política de Medios”, relacionándolo con el
fenómeno de las rede sociales señalando que “la nueva política de
medios de comunicación muestra gran capacidad para innovar, siguiendo los pasos
de la cultura de las redes sociales reinventada cada día por usuarios en la
web” (2007: 256).
El
uso de las redes sociales como nuevos espacios para la participación política,
partiendo de la capacidad de innovación de los usuarios, representan el pilar
fundamental de la nueva política en línea, a su vez, señala el camino que deben
seguir de los medios de comunicación tradicionales.
Los
medios de comunicación juegan un rol importantísimo para el ejercicio de
la política y la opinión pública a tal grado que son ellos
mismos los que pueden llegar a establecer la agenda política, en occidente
quien controla los medios controla prácticamente a la sociedad.
No
es casualidad que gobiernos del todo el mundo se hayan visto
tentados de hacerse con el control de Internet, el mismo se ha convertido en un
instrumento de poder. Históricamente han existido regímenes que buscan de una u
otra forma controlar la información a través de la coerción o la censura.
Siguiendo
la línea temática que habla sobre el control de la información
y el cómo Estados e instituciones buscan ser árbitros de lo que se diga y haga,
Manuel Castells sostiene que “a lo largo de la historia, los estados y
las iglesias, reaccionaron con preocupación y, en los estados no democráticos,
con hostilidad, tratando de restablecer el control administrativo de la
expresión y la comunicación” (2003: 1).
Siendo
la censura algo que generalmente se le atribuye a los
regímenes denominados “autoritarios”, tal afirmación es altamente
cuestionable, puesto que en la actualidad existen Estados con “democracias” aparentemente
consolidadas que dentro de su legislación habilitan procesos administrativos y
judiciales en pro de la censura bajo argumentos tecnicistas. Para algunos, esto
es la violación fragante por parte un Estados de los principios de la libertad
de opinión.
Este artículo fue
publicado en elestado.net el 16 de septiembre de 2020

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