Autor: Julio Cáceres Rondón
En diversos campos de análisis social se mantiene con ímpetu la idea de la comunicación como uno de los componentes principales, quizá el más importante, de la acción política.
Este
proceso de centralidad que llevan a cabo los medios de comunicación en el
transcurso político ha sido ampliamente estudiado por la
comunidad científica, partiendo de diferentes categorizaciones, establecidas
por diferentes autores de demostrada reputación.
En
este sentido, Manin habla de “democracia de audiencia”, Sartori
de “democracia mediática” y Swanson de la “democracia centrada
en los medios”, términos todos ellos bastante elocuentes y que se explican por
sí mismos.
Tomando
en cuenta el significado, así como el rol de los medios de comunicación en la
dinámica interna de los Estados, es importante destacar también su
considerable relevancia en el ámbito de las Relaciones Internacionales.
Del
mismo modo, la mencionada centralidad de la comunicación en la política puede
traer consigo dificultades de carácter ético, bien sea auténticos u
originados por errores de percepción que a la larga puede diezmar tanto el
proceso comunicativo como el mismo ámbito público.
En
este orden de ideas, existen críticos entre los cuales se encuentran Jürgen
Habermas, quien ubica parte de estos problemas en el manejo estratégico
de la comunicación.
La
comunicación política estratégica se concibe en una constante relación
entre política y comunicación, a su vez, de una
cada vez superior relevancia y centralidad en los diferentes espacios públicos.
Surge de este modo en un contexto débil, que puede dar pie a grandes
complicaciones.
Refiriéndonos
al ámbito de las políticas públicas, Molina afirma que “los
programas sectoriales y las acciones concretas, emanan de las instituciones de
gobierno como resultado de la interacción política” (1998: 98).
Generalmente
las políticas públicas parten del proceso de clasificación de
los asuntos prioritarios, resultantes del transcurso de una discusión pública,
tal hecho puede ser también conocido como “agenda-setting”.
Las
políticas de comunicación conforman la creciente agenda pública
de los gobiernos, así como también de los entes que no pertenecen al Estado, al
mismo tiempo establecen cómo se estructurará y se llevará a cabo dicha agenda.
Según
Sánchez “dentro del ámbito de los actores estatales se producen
interacciones complejas entre los diferentes agentes” (2011: 4). El
mismo autor mantiene que “las diferencias entre decisores políticos y
la administración pueden dar lugar a intentos de politización por parte de los
primeros y a tentativas de bloqueo por parte de los segundos” (2011:
4).
De
este modo, en referencia a la comunicación como materia, los precedentes
evidencian que la relación, así como la coherencia intergubernamental puede
resultar compleja. Sin mencionar que puede ser mucho más complicada
la combinación de las políticas entre los distintos poderes del Estado.
Bajo
determinado enfoque, toda comunicación puede ser considerada estratégica,
o por lo menos, posee un uso estratégico, ya que por medio de ella el emisor,
si presuponemos que opera racionalmente, procura ejercer influencia en la forma
de actuar de quien recibe el mensaje mensaje.
De
este modos, en vista de la racionalidad del receptor, éste
también gozará de la posibilidad adquirir el papel del emisor y de esta forma
relacionarse con ese y otros actores para procurar lograr sus objetivos.
En
este sentido, afirma Sánchez que “los seres humanos han ido mejorando
sus competencias comunicativas con el fin de obtener una ventaja o imponer sus
puntos de vista. El cultivo de la retórica, de la oratoria, de las artes
escénicas y literarias tiene que ver sin duda con este deseo de dominio de las
herramientas de la comunicación” (2011: 5).
La
estrategia es un concepto también muy estudiado en el campo militar, en este
sentido cabe mencionar la posición de sus principales autores.
General Alonso Baquer (2001), uno de los autores que ha
estudiado con mayor rigor la noción de estrategia desde sus múltiples
acepciones afirma lo siguiente:
“La
idea de que la estrategia es necesaria para la comunicación no es nueva: desde
los primeros actos de propaganda política hasta nuestros días, pasando por la
concepción aristotélica de la retórica, los hombres han intentado mejorar su
posición relativa utilizando estrategias y métodos de comunicación. De hecho,
todos estaríamos de acuerdo en que, sin estrategia, nuestras palabras y demás
actos comunicativos perderían gran parte de su eficacia, pues no basta
transmitir lo que se piensa, sino también pensar lo que se transmite” (p. 41)
En
este sentido, en vez de procurar precisar el concepto de “estrategia” resulta
más conveniente para los objetivos del presente artículo probar delimitar qué
se quiere transmitir con dicha expresión en un contexto netamente comunicativo.
Dentro
de la amplia gama de enfoque de “estrategia”, la que más aporta a
la expresión “comunicación estratégica”, es sin dudas la que la
define como “posición y ventaja”.
Este
enfoque de estrategia, está íntimamente relacionada al campo técnico-militar,
cuyo más importante teórico fue Michael Porter a través
de sus teorías del “Posicionamiento” y de la” Ventaja Competitiva”.
Para
Porter, “estrategia sería, fundamentalmente, la capacidad de adquirir
una ventaja sobre un competidor” (1996: 61). Según el mismo autor,” la estrategia
exige voluntad de competir” (1996: 61).
Al
mismo tiempo, Porte destaca el enfoque holístico de la
estrategia afirmando que “aquello que diferencia una acción estratégica
aislada de una estrategia es precisamente la existencia de una idea rectora, de
un todo, que es superior a la suma de las partes consideradas aisladamente” (1996:
65).
Estas
características que definen el enfoque estratégico se pueden poner en práctica
en el ambiente de la comunicación, y pueden a su vez presentarse en torno a
la política nacional y a las relaciones geopolíticas.
Refiriéndonos
a la comunicación estratégica, Sánchez opina que “su acción
no debe servir sólo para consolidar la posición y la ventaja competitiva de las
naciones desde el punto de vista económico y comercial, sino también desde el
cultural y el político” (2011: 6).
Para
efecto de lo anteriormente mencionado, Sánchez (2011) elabora en su trabajo “La
comunicación estratégica como política pública” un concepto de
comunicación estratégica que reza:
“Política
pública aprobada e implementada por una autoridad gubernamental y dirigida a
potenciar las ventajas competitivas y a consolidar la posición de una Nación,
mediante el intercambio (emisión/recepción) proactivo y constante de mensajes
con audiencias seleccionadas y a través de diversos medios y canales” (p. 7).
Son
múltiples los conceptos que podemos ubicar respecto a la comunicación
estratégica. Estos axiomas mezclan, en muchos casos, diversos ámbitos, que a
juicio de Sánchez “confundiendo la efectividad de lo definido con
aquello que la realidad definida aspira a alcanzar” (2011:7).
Fuente
Molina,
I. (1998) Conceptos fundamentales de Ciencia Política. Alianza Editorial,
Madrid.
Sánchez,
S. (2011) La comunicación estratégica como política pública. Instituto Español
de Estudios Estratégicos.
Porter,
M. (1996) What is Strategy?, Harvard Business Review.
Este artículo fuepublicado en elestado.net el 15 de septiembre de 2020

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